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Una seminci como espectador

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Una seminci como espectador

 

Pensaba titular este escrito con algo más impactante como "Váyase Sr. Frugone" o "Frugone dimisión", pero voy a dejar el sensacionalismo para otro día.

 

Y me refiero a que he pasado esta seminci como espectador del modo más pasivo posible, es decir, no yendo. Cierto es que estoy en Manchester de Erasmus, pero también es verdad que esa semana coincidía con la "reading week" (algo así como una semana para leer, es decir, tocarte los huevos a dos manos, estos ingleses...) y que en dicha semana me he escapado a Torrevieja. Llevo 7 años de abono completo a la semana, desde aquella película llamada Liam me cautivo y comprendí que significaba la seminci: Un festival de cine puro en el que ver películas se convierte en un acto común, en un sentimiento compartido, en una ligera emoción cuando las luces de la araña del Calderón se gradúan hasta la oscuridad plena y da paso a una ventana a la magia, pero también a la realidad. Supe que la Seminci y yo tendríamos una larga historia amor, allí conocí grandes momentos de mi vida encerrado en un claustrofóbico convento en "Las hermanas de la magdalena", sorprendiéndome de la no candidez de Auidrey Tatou en "solo te tengo a ti", emocionándome hasta el espinazo con la historia de "Las invasiones bárbaras", compartiendo el secreto de una historia de amor como la de "Brokeback Mountain" y sobre todo aquel día que paseé por Tokio de la mano de Scarlett Johansson en "Lost In translation". Mi romance ha tenido toda clase de aventuras y desventuras, me he escapado de puntillas de las clases para ver más sesiones, he dormido como un bebé en varias proyecciones y he aprendido del coraje, superación y valor que hace falta a la hora de hacer una película.

 

Pero llegó la edición 50, y llegó un nuevo director de la semana. A aquella no le dio tiempo a destrozarla completamente, tan solo firmo un extraño sistema de votación para el premio del público (podías votar incluso antes de ver la película!!) y un palmarés de lo más ridículo. Pero de eso hablaré luego.

 

Lo fuerte fue la pasada edición, es decir la 51. Ya se ha dicho tanto sobre esa semana, que lo que añada es simple y mera redundancia. Sopores de películas de más de 2 horas para contar una historia resumible en media línea, dramas pasionales que se convertían en comedias inusitadas ante el hartazgo de los espectyadores como ocurrió con "El ciclo Dreyer", cabreos en cada cola ante la ineptitud del nuevo sistema de venta de entradas, proyecciones en salas comerciales con copias en DVD donde se veían en lugar de personas carahuevos por la deformación del formato o películas en Versión Original sin subtítulos de la que la gente se marchaba (con razón) indignada por no entender nada.

 

Mi solución: Decir lo más alto que pude que había sido una cagada, lo tildé como el principio del fin, y mi penitencia era no acudir este año.

Aún así he estado atento a todo lo que se movía alrededor del festival y hay unos puntos que los medios que he consultado (pocos, estoy en Inglaterra y no puedo acceder a todos) no han menciado. SI alguno lo ha hecho, por favor que alguien me corrija.

 

Vamos allá:

-Al parecer la calidad media es superior a la del año pasado. Nada que objetar. Seguro que si planto yo un video de mis vacaciones en Torrejón con mis padres de protagonista supera a cualquier mierda que se exhibió el año pasado. Por lo tanto, si llega a ser peor hubiera sido de risa.

-El palmarés. Y ahí es donde voy a meter baza con saña. No porque la película ganadora no se lo merezca (repito que no la he visto) sino porque para tener un palmarés apropiado, lo primero es contratar a un jurado de categoría. Y toni Cantó pudo estar la mar de gracioso en 7 vidas con su nada sutil sobreactuación. Y desde entonces se paseó 5 minutos por una obra maestra del calibre de "Todo sobre mi madre" y... y ya. No se que curriculum es necesario para ser la voz cantante del jurado, pero parece ser que con ser un mero cantamañanas de 3ª fila es suficiente. Bueno si Mathias Bize lo fue el año pasado...

 

De esta cuestión subyace otra más importante. ¿es mejor traer grandes nombres de directores al festival? Para mi claramente es un sí. Hay que equilibrar consagradas y nuevos directores, como parece ser que han hecho este año (Yo no perdono que el año pasado dejaran fuera Maria Antonieta ante cosas como la peli húngara aquella). Pero estamos en el dilema de los premios. Me voy a remitir a hace dos ediciones cuando alucinamos media seminci y después el mundo entero ante la maestría de Manderlay y Caché de Von Traer y Hanneke respectivamente, fueron los mejores sin duda. Y sin embargo se premió a la excesivamente irregular "En la cama". Creo que este año ha sucedido algo similar con el grandioso Wong Kar Wai. ¿Para qué entran a concurso estos nombres si no se les va a premiar? Porque luego es normal que la crítica se ensañe contra la ganadora que es claramente inferior, y ya de paso con la reputación de este festival, que ya está bajo mínimos.

 

Y vamos a la que más me importa. Y es que el Señor Frugone debería preguntarse que quiere hacer con el festival. La gente joven española "no apasionada del cine" no sabe ni de lejos que es la Seminci. La pregunta es: ¿mantener el festival como un acto casi de culto, para amantes del cine o convertirlo en un corrillo de chismosas adictas al tomate?

Creo que está claro que todos preferimos lo primero. El señor Frugone (no perdamos las formas) quiere jugar a las dos bandas, con el peligro d elo que ha sucedido, que se ha quedado en tierra de nadie. Y es que la idea de traer a la señorita Loren me parece estúpida, sin sentido y casi una provocación hacia el propio festival.

 

Solo hay que ver los titulares: "El Festival de Cannes descubre a Bayona" y "Sofia Loren se pasea por la clausura de la seminci" cada uno valore por lo que queremos que se nos destaque.

 

¿Cuál es el motivo de traer a este chocho pocho a la seminci? Me parece comprensible que viniera a presentar película, pero venir un día a hacer el payaso y saciar la sed verdina de un gestor del festival, amén del alcalde babeando ante una estrella que hace tiempo que no da luz. Me cuesta recordar cuando ha subido el alcalde al escenario del calderón a apoyar el cine. Solo acude a glorificar el pasado. Porque lo comprensible habría sido nombra a esta señorita presidenta del jurado, pero eso supondría que la susodicha pasara en Valladolid, ese sitio "en el que se siente como en casa" (ja,ja,ja), una estancia de más de 24 horas que claro una diva que provoca salivaciones entre dentaduras postizas no se puede permitir.

 

"Traer a Julia ROberts por ser Julia Roberts, no" eso decía el Sr Frugone. Entonces quiero que me expliquen ya, ¿qué coño hacia la italiana en la clausura?

Y prefiero no seguir. Yo no voy a ser quien inicie una cruzada contra este impresentable director, aunque alguien cercano debería dar un "zas, en toda la boca" para que espabilase y dejase la seminci en el festival de prestigio que era hasta hace un par de años. Porque, mal que me pese, nuestra semana está languideciendo poco a poco, y es una pena que en Valladolid nadie alce la voz para decirle estas cositas a este señor para que se ponga remedio ahora que se puede.

 

P.D.1. Ahora piensen que la millonada que ha cobrado el chochopocho ha salido de sus impuestos.

P.d.2. No te preocupes que nos vemos en Nunca Jamás, mi turu turu sigue intacto.

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